Sonrei, mostrate feliz. Reite, disfrutá. No tenés la edad suficiente como para que te permitas aburrirte. Conocé, investigá todo. Pensá y entendé. No les des el gusto a los demás de conformarte con escuchar sus historias y experiencias. Date el permiso de descubrir el mundo vos sola. Ayudá, escuchá a los demás, no podés saber cuando vas a ser vos la que necesite que la escuchen. No le tengas miedo a los impulsos, excedé, sobrepasá... viví cada minuto con tus propias reglas. Corré, liberate, no te ates a nada irrelevante ni a nadie que no lo merezca. Soltate, gritá. No te averguences de mostrar quien realmente sos. No sientas que sos más que los demás (o menos, aunque creo que jamás ocurrió eso). Dejá esa forma tan estructurada y perfecta de ser. PERMITITE EQUIVOCARTE. Es algo humano y totalmente necesario. Caete mil veces y las misma veces levantate. Cuidate, querete mucho, más. Enamorate, amá, permitite conocerte a través de alguien más. Viví y dejá vivir.
Que buenas palabras para terminar la carta.








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